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domingo, 28 de marzo de 2021

LITERATURA GAUCHESCA - MARTÍN FIERRO

EL GAUCHO

FUNCIÓN SOCIAL Y POLÍTICA

Tanto en las invasiones inglesas como en las luchas por la independencia nacional, los gauchos dejaron su impronta en la historia argentina. Fueron precisamente esos hombres de campo junto a los esclavos negros, quienes integraron la infantería del ejército patriota. Aunque fueron reclutados de manera forzada y menospreciados tanto por los realistas como por sus propios compatriotas, ello no redujo su fervor por la causa de la independencia. Con la guía de San Martín y de Güemes, demuestraron su garra y su coraje derrotando a los ejércitos realistas, formandos por soldados profesionales y muy bien entrenados.
Superada estas instancia, su condición empeoró. Durante el gobierno de Rivadavia fueron confiandos a la defensa de la forntera sur de la provincia de Buenos Aires con el aval de la Ley de Vagos y Malentretenidos.
Más adelante, a partir de la etapa de la organización nacional, el gaucho fue progresivamente marginado mediante un sistema económico que distribuyó entre unos pocos hacendados, grandes extensiones de tierra (latifundios) destinadas a la agricultura, actividad que resultó más redituable para el comercio exterior que la ganadería.
Con la confiscación de tierras a los pequeños propietarios, muchos de ellos pasaron a desempeñarse como mano de obra temporaria en las haciendas y vieron limitada su libertad, más aún al recrudecer el estricto control sobre sus desplazamientos. Sumado a esto, el alambrado creciente de los campos, el tendido de las vías del ferrocarril y de los postes de telégrafo, así como la presencia del gringo que competía como mano de obra más calificada para las tareas de campo, modificaron drásticamente su forma de vida. Quienes no se adaptaron a la situación de peón de campo, dependiente de la autoridad de un terrateniente, terminaron condenados a la persecución constante de la Justicia.
Durante la presidencia de Alsina y de Roca, se realizaron sucesivas campañas para ganar los territorios ocupados por los indios. Esto constituyó un golpe más en la vida del gaucho que bajo la Ley de Vagos y Malentretenidos era arrestado con cualquier pretexto y obligado a defender los fortines en el marco de una guerra total contra el indio, para quedarse con el desierto habitado por los salvajes.

LEY DE VAGOS Y MALENTRETENIDOS

Esta ley castigaba con la reclusión en la milicia a todos aquellos que fueran sorprendidos en fiestas o pulperías, vagueando o que no pudieran demostrar que trabajaban en una estancia. El testimonio de un juez de Paz constituía prueba única y suficiente para calificar de "vago" a un poblador y destinarlo al ejército por un período que podía oscilar entre los dos y los seis años. El gaucho quedaba de esta manera a merced de la simpatía o antipatía de las autoridades locales.

LITERATURA GAUCHA

Durante el siglo XIX, en las pulperías y en las fiestas rurales, circulaba entre los gauchos una poesía oral y anónima, cantada con acompañamiento de guitarra y que tenía como destinatario a un público analfabeto. Estas composiciones colectivas retomaron los temas de los romanceros y poemas épicos españoles, agregándole otros vinculados a las costumbres, sucesos y sentimientos del habitante rural.
Estas poesías eran habitualmente cantadas o recitadas por dos payadores o gauchos cantores, que alternaban sus versos a modo de contrapunto.

LITERATURA GAUCHESCA

A diferencia de lo que sucedía con la literatura gaucha, la litertura gauchesca tenía como origen la cultura letrada. Es decir que sus versos eran compuestos por intelectuales que intentaban convocar a ese público analfabeto, cuya participación era crucial en las luchas por la independencia y luego en las luchas inernas de nuestro país. Pero también es escrita en una clara oposición a la literatura europea que predominaba en la época, como el bosquejo de una literatura capaz de representar la identidad nacional.
En la literatura gauchesca la voz del que escribe se apropia de la del gaucho, de los tonos de desafío y lamento. Para muchos críticos, la gauchesca nació como un arma de guerra contra el enemigo y evolucionó condicionada por los hechos políticos. Es por ello que podemos leer los momentos de la historia argentina en los cambios que fue sufriendo el género.

EL MARTÍN FIERRO

En 1.872, de regreso al país luego de su exilio en el sur de Brasil, donde se refugió tras su apoyo a López Jordán y a los federales sublevados contra Urquiza, José Hernández publicó "El gaucho Martín Fierro", la primera parte del Martín Fierro. El folleto se agotó en solo dos meses. "La vuelta del Martín Fierro" llegó al público siete años después, momento en el que Hernández se encontraba reintegrado a la vida política como diputado nacional. Recién en 1.910 ambas partes del poema se unieron en forma de libro.
Pero fue recién a partir de 1.913 cuando se lo comenzó a considerar como un clásico de la literatura nacional. En dicho año, el poeta Leopoldo Lugones dictó una serie de conferencias sobre el Martín Fierro en las que califica a Hernández como "poeta nacional", al poema como "epopeya argentina" y a su protagonista como "símbolo de la nacionlidad". A su vez, el escritor Ricardo Rojas lo analiza y pondera en su cátedra de Literatura Nacional.

EL GAUCHO MARTÍN FIERRO

El gaucho Martín Fierro consta de trece cantos, nueve en los que Fierro narra su autobiografía, tres en los que cede la voz a Cruz para que cante su historia y el último en el que como gesto simbólico rompe su guitarra y huye de la civilización.

ARGUMENTO

El gaucho Martín Fierro decide contar el comienzo de sus desgracias. Recuerda la época en que vivía en su rancho con su mujer e hijos, y era feliz pese a los duros trabajos que realizaba para subsistir. Pero un día en que se encontraba en la pulpería, un juez de Paz lo recluta a la fuerza y lo envía a la frontera. Luego de tres años, logra huir del fortín y regresar al pago. Allí encuentra abandonado su rancho y descubre que su mujer se ha ido con otro hombre y que sus hijos trabajan en una estancia como peones.
Sin familia, ni rancho, ni dinero, una noche se entera de un baile y decide ir. Al ver entrar a una mujer morena con su pareja, le hace una chanza. La mulata se ofende y Fierro termina trenzado en duelo con el compañero de la mujer, a quien mata. Convertido en gaucho desertor y matrero, se ve obligado a escapar de la Justicia y refugiarse en la pampa.

LA VUELTA DE MARTÍN FIERRO

La vuelta presenta treinta y tres cantos en los que Fierro relata la vida en las tolderías, la muerte de Cruz, el rescate de la cautiva, su reinserción en el mundo civilizado, el reencuentro con sus hijos y con el de Cruz, quienes cuentan su historia, la payada que sostiene con el hermano del moreno, los consejos que le brinda a sus hijos y finalmente su separación.

ARGUMENTO

Conscientes de que serán perseguidos por el enfrentamiento con la partida, Fierro y Cruz habían decidido huir juntos al desierto para vivir entre los indios. Al inicio de "La vuelta", ya se encuentran en las tolderías mapuches. Allí Cruz muere de viruela y Fierro conoce a una mujer criolla, prisionera de la tribu y que es maltratada. Luego de un enfrentamiento en el que mata a un aborígen, huye con la cautiva y la deja a salvo en una estancia. Nuevamente solo, sigue comino hasta que se encuentra accidentalmente con sus hijos.

DISCURSO O POSTURA IDEOLÓGICA DE LA OBRA

Al claro tinte político de los textos gauchescos precedentes, el poema de Hernández le suma la preocupación social. Sin embargo, las dos partes que conforman el poema permiten leer los cambios ocurridos en el país y la posición política de su autor. La Argentina se ha unificado jurídicamente como estado y tiene como horizonte la modernización. Para la edición de la segunda parte de su poema, Hernández ya era diputado del Partido Autonomista, que participaba en el planeamiento de un nuevo proyecto de nación.

¿QUÉ DICE EL GAUCHO MARTÍN FIERRO?

- Critica la situación de pobreza en la población rural de bajos recursos.
- Denuncia un tratamiento brutal hacia los gauchos que los arroja fuera de la ley y los transforma en delincuentes.
- Los conflictos se resuelven a punta de lanza.
- Se marca el enfrentamiento social.

¿QUÉ DICE LA VUELTA DE MARTÍN FIERRO?

- Resume los lineamientos para su integración definitiva y la mejora de su condición de vida. 
- Apela al pacto y en tono didáctico y ejemplar, reclama un programa social que promueva en el gaucho la aceptación de la "Ley Única" a cambio del pleno ejercicio de sus derechos como ciudadano.
- Los conflictos hallan su remedio en la palabra.
- Se observa el pasaje del enfrentamiento a la conciliación social.

LOS PERSONAJES

Además del gaucho, en el poema circulan personajes que representan distintos sectores del mundo rural como indios, morenos, gringos, policías, militares, mujeres. Los personajes masculinos figuran como adversarios y en esa confrontación de voces y de cuerpos, el gaucho define a los otros en un tono que oscila entre la fanfarronería y la condena. Por oposición define también su propia identidad, siendo siempre aquellos que otros no son.
En la configuración del personaje central se reúnen todas las voces de una clase social perseguida, el gaucho libre y cantor, el trabajador y padre de familia, el que es soldado en la frontera, el desertor y el matrero. Esta superposición de voces, habilita en un mismo sujeto, características, acciones y sentencias diversas como, las expuestas en los distintos cantos del poema, sin que resulten contradictorios dado el carácter complejo y multifacético de Fierro.

BIOGRAFÍA DEL AUTOR

José Hernández (1.834 - 1.886)

Fue poeta, periodísta, soldado y político. Vivió en el campo donde tomó contacto con las costumbres de gauchos e indígenas En 1.869 fundó, entre otros, el diario "El Río de la Plata", en cuyas columnas defendió a los gauchos. Como militar, actuó en varias batallas y luchó junto a López Jordán en Entre Ríos. Debido a los contínuos enfrentamientos civiles se exilió. En 1.872 pudo volver al país y meses después, la imprenta "La Pampa" editó "El gaucho Martín Fierro". Su inesperado éxito lo llevó a continuarlo con "La vuelta de Martín Firro" en 1.879.
En su homenaje, el 10 de noviembre (aniversario de su nacimiento) se festeja en la Argentina el Día de la Tradición.

Fuente: Literatura IV - Editorial Santillana

viernes, 18 de abril de 2014

BIOGRAFÍA DE TADEO ISIDORO CRUZ

I’m looking for the face I had
before the world was made.
Yeats: The winding stair.


El seis de febrero de 1829, los montoneros que, hostigados ya por Lavalle, marchaban desde el Sur para incorporarse a las divisiones de López, hicieron alto en una estancia cuyo nombre ignoraban, a tres o cuatro leguas del Pergamino; hacia el alba, uno de los hombres tuvo una pesadilla tenaz: en la penumbra del galpón, el confuso grito despertó a la mujer que dormía con él. Nadie sabe lo que soñó, pues al otro día, a las cuatro, los montoneros fueron desbaratados por la caballería de Suárez y la persecución duró nueve leguas, hasta los pajonales ya lóbregos, y el hombre pereció en una zanja, partido el cráneo por un sable de las guerras del Perú y del Brasil. La mujer se llamaba Isidora Cruz; el hijo que tuvo recibió el nombre de Tadeo Isidoro.

Mi propósito no es repetir su historia. De los días y noches que la componen, sólo me interesa una noche; del resto no referiré sino lo indispensable para que esa noche se entienda. La aventura consta en un libro insigne; es decir, en un libro cuya materia puede ser todo para todos (1 Corintios 9:22), pues es capaz de casi inagotables repeticiones, versiones, perversiones. Quienes han comentado, y son muchos, la historia de Tadeo Isidoro, destacan el influjo de la llanura sobre su formación, pero gauchos idénticos a él nacieron y murieron en las selváticas riberas del Paraná y en las cuchillas orientales. Vivió, eso sí, en un mundo de barbarie monótona. Cuando, en 1874, murió de una viruela negra, no había visto jamás una montaña ni un pico de gas ni un molino. Tampoco una ciudad. En 1849, fue a Buenos Aires con una tropa del establecimiento de Francisco Xavier Acevedo; los troperos entraron en la ciudad para vaciar el cinto: Cruz, receloso, no salió de una fonda en el vecindario de los corrales. Pasó ahí muchos días, taciturno, durmiendo en la tierra, mateando, levantándose al alba y recogiéndose a la oración. Comprendió (más allá de las palabras y aun del entendimiento) que nada tenía que ver con él la ciudad. Uno de los peones, borracho, se burló de él. Cruz no le replicó, pero en las noches del regreso, junto al fogón, el otro menudeaba las burlas, y entonces Cruz (que antes no había demostrado rencor, ni siquiera disgusto) lo tendió de una puñalada Prófugo, hubo de guarecerse en un fachinal: noches después, el grito de un chajá le advirtió que lo había cercado la policía. Probó el cuchillo en una mata: poro que no le estorbaran en la de a pie, se quitó las espuelas. Prefirió pelear a entregarse. Fue herido en el antebrazo, en el hombro, en la mano izquierda; malhirió a los más bravos de la partida; cuando la sangre le corrió entre los dedos, peleó con más coraje que nunca; hacia el alba, mareado por la pérdida de sangre, lo desarmaron. El ejército, entonces, desem-peñaba una función penal; Cruz fue destinado a un fortín de la frontera Norte. Como soldado raso, participó en las guerras civiles; a veces combatió por su provincia natal, a veces en contra. El veintitrés de enero de 1856, en las Lagunas de Cardoso, fue uno de los treinta cristianos que, al mando del sargento mayor Eusebio Laprida, pelearon contra doscientos indios. En esa acción recibió una herida de lanza.

En su oscura y valerosa historia abundan los hiatos. Hacia 1868 lo sabemos de nuevo en el Pergamino: casado o amancebado, padre de un hijo, dueño de una fracción de campo. En 1869 fue nombrado sargento de la policía rural. Había corregido el pasado; en aquel tiempo debió de considerarse feliz, aunque profundamente no lo era. (Lo esperaba, secreta en el porvenir, una lúcida noche fundamental: la noche en que por fin vio su propia cara, la noche que por fin oyó su nombre. Bien entendida, esa noche agota su historia; mejor dicho, un instante de esa noche, un acto de esa noche, porque los actos son nuestro símbolo.) Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es. Cuéntase que Alejandro de Macedonia vio reflejado su futuro de hierro en la fabulosa historia de Aquiles; Carlos XII de Suecia, en la de Alejandro. A Tadeo Isidoro Cruz, que no sabía leer, ese conocimiento no le fue revelado en un libro; se vio a sí mismo en un entrevero y un hombre. Los hechos ocurrieron así:

En los últimos días del mes de junio de 1870, recibió la orden de apresar a un malevo, que debía dos muertes a la justicia. Era éste un desertor de las fuerzas que en la frontera Sur mandaba el coronel Benito Machado en una borrachera, había asesinado a un moreno en un lupanar; en otra, a un vecino del partido de Rojas; el informe agregaba que procedía de la Laguna Colorada. En este lugar, hacía cuarenta años, habíanse congregado los montoneros para la desventura que dio sus carne a los pájaros y a los perros; de ahí salió Manuel Mesa, que fue ejecutado en la plaza de la Victoria, mientras los tambores sonaban para que no se oyera su ira; de ahí, el desconocido que engendró a Cruz y que pereció en una zanja, partido el cráneo por un sable de las batallas del Perú y del Brasil. Cruz había olvidado el nombre del lugar; con leve pero inexplicable inquietud lo reconoció… 


El criminal, acosado por los soldados, urdió a caballo un largo laberinto de idas y de venidas; éstos, sin embargo lo acorralaron la noche del doce de julio. Se había guarecido en un pajonal. La tiniebla era casi indescifrable; Cruz y los suyos, cautelosos y a pie, avanzaron hacia las matas en cuya hondura trémula acechaba o dormía el hombre secreto. Gritó un chajá; Tadeo Isidoro Cruz tuvo la impresión de haber vivido ya ese momento. El criminal salió de la guarida para pelearlos. Cruz lo entrevió, terrible; la crecida melena y la barba gris parecían comerle la cara. Un motivo notorio me veda referir la pelea. Básteme recordar que el desertor malhirió o mató a varios de los hombres de Cruz. Este, mientras combatía en la oscuridad (mientras su cuerpo combatía en la oscuridad), empezó a comprender. Comprendió que un destino no es mejor que otro, pero que todo hombre debe acatar el que lleva adentro. Comprendió que las jinetas y el uniforme ya lo estorbaban. Comprendió su íntimo destino de lobo, no de perro gregario; comprendió que el otro era él. Amanecía en la desaforada llanura; Cruz arrojó por tierra el quepis, gritó que no iba a consentir el delito de que se matara a un valiente y se puso a pelear contra los soldados junto al desertor Martín Fierro 

De Jorge Luis Borges, El Aleph (1949)

Traducción del epígrafe: “Busco el rostro que yo tenía antes de que el mundo fuera creado”, Yeats (poeta inglés).

En este cuento el autor toma de la obra Martín Fierro de Hernández el personaje del sargento Cruz, le inventa un nombre y una historia. La escena final recrea el encuentro entre Cruz como sargento de policía y Fierro como gaucho perseguido que aparece la obra de Hernández.